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Como burro en primavera!!!

Por la redacción irreverente de Revista VAGO

Hay frases que nacen del campo, del polvo, del sudor y de la mirada pícara del que observa la vida sin filtros. “Como burro en primavera” es una de ellas: cruda, directa y cargada de imágenes que no necesitan explicación… pero que igual merecen ser desmenuzadas.

Porque sí, todos hemos visto —o al menos imaginado— ese momento en que la naturaleza se desborda. La primavera no llega con timidez: llega con intensidad, con urgencia, con un impulso que parece brotar desde lo más primitivo. Y ahí está el burro, símbolo involuntario de ese arrebato vital, convertido en metáfora popular del deseo sin pausa y sin estrategia.

Pero más allá de la risa fácil, la frase encierra algo más profundo: habla de ciclos. De cómo el cuerpo —humano o animal— responde a los cambios del entorno. Más luz, más calor, más vida… más ganas. La primavera no solo florece en los árboles; también en la piel, en la cabeza y en ese rincón incómodo donde habitan los impulsos.

En tiempos donde todo se mide, se regula y se disfraza de productividad, “como burro en primavera” es casi un acto de resistencia. Es aceptar que hay momentos en los que uno no quiere ser elegante, ni racional, ni contenido. Momentos donde lo único que importa es sentir, aunque sea desbordado, aunque sea ridículo.

Y claro, la frase también carga con su buena dosis de juicio social. Decir que alguien anda “como burro en primavera” no es precisamente un halago refinado. Es señalar el exceso, la falta de discreción, el entusiasmo que ya raya en lo evidente. Pero, ¿no hay algo liberador en eso? En dejar de fingir compostura, aunque sea por un rato.

Quizá por eso sigue viva. Porque todos, en algún punto, hemos sido ese burro. Enamorados de más, deseosos de todo, intensos sin medida. Y aunque después venga la calma —o la vergüenza—, hay algo en ese instante que se siente profundamente humano.

Así que la próxima vez que escuches la frase, no te limites a reír. Piénsalo: tal vez no habla del burro… sino de nosotros cuando la vida, de pronto, decide florecer sin pedir permiso.

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