
Abril es ese compa que llega oliendo a flores, con playlist de primavera y promesas de “ahora sí voy a cambiar”… pero a la mera hora termina siendo puro cuento. Porque sí, todo muy bonito con el calorcito, los arbolitos reverdeciendo y la bandita subiendo fotos en modo “renací”, pero la neta: la vida adulta no florece, factura.
En teoría, abril es renacimiento. En la práctica, es el mes donde te das cuenta que enero te mintió, febrero te distrajo y marzo te dejó emocionalmente en visto.
El clima: ese bipolar sin terapia
Sales en la mañana con chamarra porque “está fresco” y a las 2 pm ya estás sudando como pollo rostizado en microbús. Abril no tiene clima, tiene personalidad múltiple. Y tú, como buen chilango, ya ni preguntas, solo sobrevives.

Los propósitos: RIP
¿Te acuerdas de esos objetivos de año nuevo? Sí, esos de “voy a hacer ejercicio”, “voy a ahorrar”, “voy a dejar el tóxico (o ser el tóxico)”… bueno, abril es el cementerio oficial de esas mentiras. Aquí es donde aceptas que tu verdadera rutina es sobrevivir y ver qué hay en el refri.
La Semana Santa: pecar con estilo
Abril también trae esa joya nacional llamada Semana Santa, donde la banda se vuelve espiritual… pero espirituosa. Prometen recogimiento y terminan recogidos.
Las playas se llenan, las albercas públicas parecen caldo de camarón humano y los que se quedan en la ciudad viven su propio viacrucis: tráfico raro, calles vacías y tienditas cerradas justo cuando más necesitas una chela.
El amor primaveral (o la calentura disfrazada)
Dicen que en primavera todo florece… y sí: los sentimientos, las ganas y los mensajes de “¿qué haces?” a las 2 am. Abril es peligroso porque te hace creer que lo que sientes es profundo… cuando en realidad es puro calor corporal con WiFi.
La cartera: en estado vegetal
Entre vacaciones, salidas improvisadas y antojitos de temporada, tu dinero entra en modo planta: no se mueve, no crece y eventualmente muere.
Conclusión: florecer está sobrevalorado
Abril te vende la idea de que puedes renacer, reinventarte y convertirte en tu mejor versión. Pero la realidad chilanga es otra: si logras llegar a fin de mes sin deberle a medio mundo, sin asolearte de más y sin escribirle a tu ex… ya ganaste.
Porque aquí, en la jungla de asfalto, florecer no es volverte mejor persona… es simplemente no marchitarte.





